Es muy común que un bebé sea “un santo” las dos primeras semanas de vida y luego empiece con algún problema o lo que es peor, con varios problemas a la vez: crisis de llanto inconsolable, se agita en las tomas, tiene sueño intranquilo, mucho hipo, regurgita muy a menudo, pide el pecho constantemente, tiene dificultad para defecar y/o para expulsar gases… ¿por qué le ocurre todo a la vez y unas semanas después del parto?

La cabecita del bebé, en las últimas semanas de embarazo, se prepara para salir por el canal del parto (aunque luego no lo haga: ¡el cuerpo de tu bebé no sabe que se ha inventado la cesárea!). Para ello, los huesos de la cabeza se montan unos encima de otros, lo que es normal, pero puede ocasionar tensiones que si no van desapareciendo en las primeras horas o días de vida, pueden irritar el sistema del bebé y acabar por causar sintomatología. Por ejemplo, de la cabeza salen unos nervios especiales: los pares craneales, que tienen muchísimas funciones, entre ellas inervar la musculatura de la deglución y la succión (problemas de lactancia) o coordinar las funciones digestivas (problemas de reflujo, gases, estreñimiento…). Es por ello que lo más habitual es que aparezcan varios problemas a la vez: porque las tensiones afectan a varias estructuras al mismo tiempo.

FISIOTERAPIA PEDIÁTRICA PARA EL BIENESTAR DEL BEBÉ

Tratando al bebé con fisioterapia manual, se puede ayudar al tejido a disipar esas tensiones. Se aplican técnicas suaves que le indican al cuerpo del bebé hacia dónde está la normalidad. Se tratan la cabeza y la espalda del bebé, pero también el abdomen para relajar la musculatura lisa del tubo digestivo, además de revisar pelvis y miembro inferior. Una revisión fisioterápica completa de un recién nacido se suele realizar en dos sesiones, distanciadas 15 días entre una y otra y es muy recomendable realizarla al mes de vida del bebé aunque no haya empezado a tener síntomas: cuanto antes desparezcan las tensiones, menos irritaciones causarán y mejor estará nuestro bebé.