El otro día llegó a mi clínica de fisioterapia y osteopatía un paciente con un diagnóstico de protusión discal. Tenía miedo porque había oído que era el inicio de una hernia lumbar. Ya había escrito en este blog un artículo sobre las hernias discales, pero creo que merece la pena profundizar en un concepto.

Efectivamente la protusión puede derivar en una hernia discal, pero lo más importante es saber que en realidad de lo que tienes que tomar conciencia es de que tu cuerpo te está diciendo “POR ESTE CAMINO NO”. Hay algo que estás haciendo en tu día a día que te ha llevado a que esa zona esté especialmente degenerada, que esté sufriendo, y la hernia es la manera en la que tu cuerpo ha podido sobrevivir y seguir adelante. Y, obviamente, no es una opción muy recomendable.

El tratamiento de una protusión o una hernia discal puede ser muy variado: mediación, infiltración, fisioterapia manual, rehabilitación con aparatología o incluso la cirujía, pero ninguno de ellos será efectivo a largo plazo si TÚ no haces cambios en tu día a día.

Es muy posible que tengas que mejorar tu higiene postural diaria y seguramente sería muy buena idea incorporar actividad física específica para tu condición particular y tu situación actual, que ayude a equilibrar la musculatura y compensar el daño que ha sufrido esa zona. Y es posible.

Así que, en realidad, es una muy buena noticia, porque la mejora de tu situación depende en grandísima medida de ti ;-). Eso sí, pide ayuda a los profesionales para saber cuál puede ser la mejor opción según el momento en el que te encuentres, ¡estamos para ayudarte!