Para cuidar y curar una cicatriz no vale sólo con darse un poco de aceitito (que también). Hay que evaluarlas y tratarlas de manera precoz, sin esperar a que se peguen, duelan o se hipertrofien.
Estamos hechos “por capas”, como una cebolla, y lo fisiológico, lo normal, es que esas capas puedan deslizarse unas sobre otras para el correcto funcionamiento del organismo: desde músculos y huesos hasta glándulas de la piel u órganos internos.
En cualquier intervención quirúrgica se cortan esas capas de manera transversal y en el proceso de cicatrización es muy habitual que esas capas queden pegadas entre sí, viéndose limitada su movilidad y su función.
Cuando esto ocurre, cuando las capas no deslizan bien, pueden dar sintomatología incluso en zonas lejanas. Por ejemplo: un adherencia de una cesárea en la zona de la pelvis puede limitar la movilidad cervical.
Por eso es importante movilizar la zona de manera precoz, una vez el médico lo haya autorizado y la fase de cicatrización lo permita, de manera suave y controlada. Y es importante movilizar primero sin aceite, para poder llegar a las capas más profundas. La aplicación de aceites o cremas hidratantes para las capas más superficiales debe ser en una segunda parte del tratamiento, que puede ser molesto e incluso algo doloroso (al fin y al cabo, se están rompiendo las adherencias, que no dejan de ser tejido de nuestro cuerpo), pero los beneficios merecerán la pena, evitando limitaciones presentes y futuras y mejorando la funcionalidad de la zona.
En consulta, el fisioterapeuta no sólo te movilizará las capas más profundas, sino que te enseñará a realizarte tú mism@ el masaje en casa, fundamental para tu recuperación.
Así que no olvides pedir consejo a los profesionales de la salud.
¡LAS CICATRICES SE REVISAN Y SE TRATAN SIEMPRE! (Sin esperar a que aparezcan los problemas ;-).
Si tienes cualquier duda, escríbeme.
Mireia López Sendra
Fisioterapeuta y osteópata en Las Rozas