Hace unas semanas acudió a mi consulta un paciente que había empezado con dolor lumbar que había ido a peor sin que él pudiera atribuirle ninguna causa en concreto. No había cambiado hábitos de trabajo o deporte ni había realizado ningún esfuerzo fuera de lo habitual. Sin embargo, unos días antes había tenido un virus intestinal de 24h.

Después de realizar la valoración desde un enfoque osteopático global, en la exploración manual, se notaban muchas tensiones a nivel abdominal, así que el tratamiento con técnicas de osteopatía, miofascial y craneosacral (entre otras) tuvo como objetivo normalizar la inervación del sistema digestivo a nivel craneal y dorsal y trabajar a nivel visceral en el abdomen. A través de éstas técnicas conseguimos minimizar mucho el dolor y la limitación de la zona lumbar, con lo que fue resultó más fácil relajar la musculatura de esa zona.

El cuerpo trabaja como una máquina perfectamente engrasada donde todos los mecanismos tienen su función y se relacionan con los demás: que uno se vea afectado, afecta a todo el sistema.

En este caso, la infección causada por el virus intestinal produjo adherencias, tensiones y fijaciones a nivel visceral que alteraron la mecánica de toda esa zona, desencadenando el dolor lumbar por el cual el paciente acudía a la consulta. Si simplemente nos hubiéramos centrado en descargar la zona que dolía, probablemente el paciente hubiera notado alivio, pero el tratamiento fue mucho más efectivo y duradero a largo plazo con la realización de una evaluación global de osteopatía que pueda tratar las diferentes zonas de conflicto que han ocasionado el problema.

Por eso el enfoque global marca siempre la diferencia 😉