Hoy en día poco nos preocupamos de saber realmente por qué nos duele algo y muchos lo hacemos únicamente para que desaparezca cuanto antes. ¿Pero alguna vez nos paramos a pensar REALMENTE por qué nos duelen las cosas? El dolor es uno de los medios de comunicación que tiene nuestro cuerpo para con nosotros mismos. Cuando algo duele, es porque tiene alguna necesidad. Y la mayor parte de las veces, con escucharla un poquito es suficiente (pero escucharla de verdad).

Sin embargo, la vida ajetreada nos ha llevado a ignorar nuestro cuerpo, los mensajes que nos manda, y dejarlo todo para más tarde. Y es que nunca es buen momento para que algo duela y podamos parar, ¿a que no? ¿Cuántas veces al día o incluso a la semana te paras a no hacer nada? Pero nada de nada, ni ver la tele, ni leer, ni dormir. Estoy hablando simplemente de parar y prestar atención a las sensaciones que te llegan de tu cuerpo. ¿Ninguna? ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?

Recurrir a un analgésico o antiinflamatorio puede ser una solución temporal, “un parche”, pero generalmente oculta el problema y puede llegar a cronificarlo. Es necesario indagar para descubrir el origen real y ahí es posible que necesites ayuda de un terapeuta profesional que pueda darte herramientas para identificarlo y, si es posible solucionarlo, y si no, aprender a convivir con ello de otra manera (que no deja de ser una solución).

En cualquier caso, la base para una buena salud es aprender a conocernos a nosotros mismos, a escucharnos y cultivar la conciencia corporal, aprender a conocer a ese compañero de viaje que es nuestro propio cuerpo, así que… ¿empezamos?

Nota: aquí te dejo unos ejercicios muy básicos de conciencia corporal (prestar atención a nuestra respiración: fácil,  ¿verdad?)